Los terceros inversores y el artículo 18 BIS del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores

La inversión por parte de terceros en el mundo del fútbol se configura, sin duda, como una de las principales novedades sin regular existentes en la actualidad.

Recientemente hemos oído al Presidente de la Liga Nacional de Fútbol sostener que la llegada de capital inversor al fútbol español es una maravillosa noticia, pues ayuda a los clubes a subsistir y poder competir.E

El fenómeno de los fondos de inversión en el fútbol se encuentra en auge, coexistiendo diversas corrientes de opinión a favor y en contra de éste.

De momento, la regulación existente se limita al artículo 18 bis del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores, que hace referencia a la influencia de terceros en los clubes, y cuyo tenor literal es el siguiente:

1. Ningún club concertará un contrato que permita a cualquier parte de dicho contrato, o a terceros, asumir una posición por la cual pueda influir en asuntos laborales y sobre transferencias relacionados con la independencia, la política o la actuación de los equipos del club. 2. La Comisión Disciplinaria de la FIFA podrá imponer sanciones disciplinarias a los clubes que no cumplan las obligaciones estipuladas en este artículo“.

Tratándose de un asunto de especial relevancia y que tendrá importantes efectos sobre el negocio del fútbol, se antoja necesario comprender las vicisitudes del asunto, por lo que trataré de explicarlo de manera sencilla.

La cuna de este fenómeno es Sudamérica, continente en el que la inversión por parte de terceros no es para nada novedosa, sino más bien un medio necesario para la financiación de los clubes de fútbol y, según me han comentado en varias ocasiones profesionales del derecho deportivo y del deporte en general en Sudamérica, la inversión por parte de terceros se configura como la única vía de que disponen los clubes para poder subsistir y formar jugadores, pues no todos los jóvenes jugadores de fútbol no llegan a ser profesionales y, por ende, no generan plusvalías. Por consiguiente, el dinero invertido en la formación de tales jóvenes, casi nunca revierte en la economía del club.

En Europa, no obstante, históricamente, los clubes se han financiado, entre otras, mediante las plusvalías generadas con ocasión de los traspasos de los futbolistas, por lo que tradicionalmente no ha sido necesaria la inversión por parte de terceros.

Sin embargo, desde hace unos años, los clubes están recabando la ayuda de terceros para poder hacer frente a la contratación de futbolistas y así competir con el resto de clubes en condiciones de igualdad, y digo esto porque los clubes que precisan la ayuda de capitales inversores suelen ser pequeños o medianos, que necesitan acometer contrataciones de futbolistas que les permitan competir con el resto de clubes con mayores ingresos.

El origen de la problemática se remonta al año 2006, con motivo del traspaso de Carlos Tevez y Javier Mascherano al West Ham inglés, por un montante económico que obviamente dicho club no podía abonar sin inversión por parte de terceros inversores. La contratación de los futbolistas mencionados generó gran controversia en Inglaterra, donde acabó por prohibirse a los clubes realizar o recibir pago alguno o involucrarse de cualquier manera en un traspaso, propuesta de traspaso, contrato de jugador, comisión de agente, etc., si este no se realizaba de la manera estipulada por la Premier League (Rules L37 y L38).

Además de las consecuencias que tuvo el caso en el país anglosajón, sus efectos se expandieron a todo el planeta fútbol, por lo que se estimaba necesario que la FIFA adoptara una posición al respecto. Su respuesta no se hizo esperar y en su RETJ 2008 introdujo el artículo 18 bis, en virtud del cual “ningún club concertará un contrato que permita a cualquier parte de dicho contrato, o a terceros, asumir una posición por la cual pueda influir en asuntos laborales y sobre transferencias relacionados con la independencia, la política o la actuación de los equipos del club”.

El precepto reseñado versa sobre la influencia de terceros, y no tiene por objeto prohibir la inversión por parte de terceros, sino que prohíbe que un tercero (por ejemplo, un fondo de inversión) sea quien controle la carrera futbolística del futbolista, privando a éste de todo poder de decisión.

Precisamente, se trata de evitar situaciones como la detallada en el laudo del TAS 2011/O/2580, en la cual el 28 de agosto de 2007, una sociedad mercantil, un jugador de futbol y un club firmaron un contrato de cesión de derechos federativos y económicos, en virtud del cual el jugador se comprometía, entre otras, a aceptar cualquier transferencia de sus derechos federativos acordada por el club a instancias de la mercantil, comprometiéndose a suscribir los contratos que le fueran indicados, bien sean laborales y/o de cualquier naturaleza, durante un periodo de cinco años. Se fijaba incluso hasta el precio a percibir por el jugador en función de la categoría en que militara. El litigio se produjo una vez que el jugador firmó un contrato de trabajo con un club de la primera división de una Liga Europea, pues la mercantil requirió al jugador, en virtud de una estipulación del contrato, la cuantía de seis millones de euros por incumplimiento del contrato. El TAS resolvió a favor del jugador y declaró no haber lugar al incumplimiento, por ser nulo el contrato otorgado.

En definitiva, mediante el artículo 18 bis, la FIFA trata de evitar supuestos de abuso como el descrito, en los que un tercero ostenta el poder de decisión sobre la carrera profesional de un futbolista.

Por ende, la FIFA no prohíbe que terceros ajenos a los clubes puedan adquirir un porcentaje de los derechos económicos de los futbolistas, e incluso que adquieran participaciones de clubes de fútbol, práctica que se está extendiendo en la actualidad. La FIFA deja abierta la puerta a esta posibilidad, pero no al sometimiento de la voluntad del futbolista, y por consiguiente del devenir de su carrera profesional, a las decisiones de un tercero.

Sin perjuicio de lo anterior, recientemente tanto el máximo organismo del fútbol internacional (FIFA), como la UEFA, su homólogo en el ámbito europeo, se están mostrando contrarios a la entrada de los fondos de inversión en sistema de transferencias.

Existen opiniones al respecto para todos los gustos, pero lo verdaderamente real es que la entrada de los fondos de inversión es un fenómeno de tremenda actualidad que habrá de ser atajado por los organismos competentes, aunque lo conveniente sería una decisión salomónica, permitiendo la inversión de los fondos en el fútbol, pero estableciendo unos límites claros para ello.

 

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